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Cansadas de extrañar la alegría
de las épocas de carnaval, dos barranquilleras radicadas en Miami decidieron,
en enero de este año, pedir un aval a las autoridades de la ciudad y al
Carnaval de Barranquilla para tomarse una calle y vivir, en una escala menor,
esos tiempos de juerga. Nunca sospecharon que aquella iniciativa, en la que
habían puesto algunos ahorros, se convertiría en un "cumbión" que no sólo
convocaría a 7.000 espectadores, sino que seduciría a más de un patrocinador.
La idea de llevar el Carnaval de Barranquilla a una ciudad como Miami fue
tan exitosa, que la iniciativa se replicará en 2008. Ya no contará con un
reducido presupuesto, sino que tendrá seis patrocinadores exclusivos que
pagarán entre US$45 mil y US$170 mil para estar en el evento al que se
espera asistan unas 15.000 personas.
"El carnaval es aún un diamante en bruto", sentencia Mireya Caballero, la
actual directora del ancestral jolgorio. "Trabajamos duro para que esta
manifestación folclórica no sólo sea la mejor marca de país y se le
encomiende una misión embajadora, sino que se convierta en una de las
grandes empresas de Colombia", añade Caballero.
"Lo que pasa con un carnaval como el de Barranquilla es que hay tanta
sensibilidad, congrega a gente de tantas edades y estratos, que se convierte
en una apetecible plataforma comercial", agrega María Cecilia Donado, ex
directora del carnaval y actual viceministra de Cultura.
Experiencias como la del Carnaval de Río de Janeiro han demostrado que,
aplicando un modelo de gestión adecuado, se puede ir más allá de la fiesta,
el baile y los carros alegóricos y obtener ganancias.
Según la Asociación Comercial de Río de Janeiro, la industria del carnaval
brasileño mueve US$470 millones en negocios y genera más de 300.000 empleos
al año. A pesar de que las cifras del Carnaval de Barranquilla no son tan
sorprendentes, no son para nada despreciables. En un cálculo rápido, la
directora del carnaval asegura que el año pasado el evento movilizó $22.334
millones, de los cuales la economía informal aportó $7.502 millones (33,6%)
y la formal $14.832 millones (66,4%).
Las cifras las complementa el más reciente estudio de Fundesarrollo, en
donde se asegura que en el carnaval 17.389 personas desarrollarán algún tipo
de negocio, de las cuales 8.135 estaban desempleadas, mientras que durante
los cuatro días que duró la fiesta cada negocio informal realizó ventas
promedio de $712.469, es decir, un 15,7% mayor del promedio.
Más que ‘marimondas' y carrozas
Caballero está convencida de que los indicadores pueden mejorar y desde ya
adelanta una agresiva estrategia comercial con la que asegura que el
carnaval tomará otras dimensiones. Su estrategia está soportada en el
conocimiento que adquirió durante años mientras se desempeñó como ejecutiva
del sector financiero y en las pautas que han señalado los empresarios que
entraron a rescatar el carnaval años atrás.
Con una mirada más empresarial, Caballero ha desarrollado estudios que
evidencian que el carnaval podría convertirse en una plataforma privilegiada
para el posicionamiento de marca, el mercadeo masivo, las relaciones
públicas y para implementar programas de responsabilidad social. "La
estrategia consiste en mostrarles a las empresas que tal vez no exista un
mejor escenario para pautar con sus marcas que un carnaval que reúne durante
cuatro días a más de un millón de personas que tiene el corazón en la mano,
y la felicidad por las venas", asegura Caballero.
La iniciativa ha dado grandes resultados. Por primera vez, este año el
Carnaval de Barranquilla recogió $2.500 millones por concepto de
patrocinadores, de los que hicieron parte el 80% de las empresas más
importantes del país. "Lo han aplicado con éxito compañías como Argos, que
quería acercar la marca a los colombianos; y de igual forma Almacenes Éxito,
que al comprar Vivero, encontró en el Carnaval de Barranquilla la mejor
forma de decirle a los costeños que también podía hacer parte de sus
tradiciones. Lo propio empiezan a hacer empresas en el extranjero con la
segunda versión del carnaval en Miami", señala la directora.
Otra de las grandes fuentes de ingresos que Caballero piensa potenciar, es
el esquema de acomodación múltiple, o palcos. Estas graderías, con techo y
servicios de alimentación y bebidas, que se extienden a lo largo de la vía
40 solían ser entregadas en un derecho de concesión a un particular, que
cobraba $143.000 a cada visitante que quisiera tener un lugar privilegiado
durante los cuatro días de parranda. Pero cuando se logran sentar más de
21.000 personas, la cifra empieza a cobrar connotaciones interesantes.
"Lo que vemos es que si ese dinero entra a la Fundación, esas ganancias
podrían ser usadas en el carnaval, en el apoyo de los grupos folclóricos",
explica la directora del carnaval, quien calcula que del dinero recogido el
año pasado, el 50% se dio gracias a que fue el carnaval el que administró
las graderías.
Sin embargo, la directora del carnaval asegura que este evento tradicional
no va a seguir creciendo, de no ser que se logre la construcción de un
escenario propio, pues a lo largo de la Vía 40 ya no hay espacio para los
nuevos visitantes que llegan cada año.
"Nosotros nos hemos reunidos con varios organizadores del carnaval de Río de
Janeiro, quienes manifestaban que antes de la construcción del sambódromo -estadio
de 10 pisos en donde desfilan todas las escuelas de samba-, el carnaval no
tenía forma de sostener sus propios gastos", asegura Caballero, quien cuenta
que, en Brasil, hay muchas compañías internacionales que crean unos centros
de atención exclusivos dentro del sambódromo que pueden costar hasta
US$500.000 y son asignados a grupos de clientes especiales, turistas de alta
gama y ejecutivos premiados.
La propuesta que surgió para Barranquilla fue la construcción de un
cumbiódromo de cinco pisos que sirviera para albergar a muchos más turistas,
pero que a la vez se convirtiera en un nuevo espacio de mercado y
comercialización que durante todo el año permita exhibir el carnaval a los
turistas. Este escenario tendría un valor aproximado de $25.000 millones, de
los cuales el Gobierno les ha manifestado les concederá $7.000 millones.
Mientras estos proyectos se concretan, Caballero adelanta que el próximo
carnaval estará repleto de sorpresas, al tiempo que se convertirá en una
plataforma comercial cada vez más sofisticada sin que "esto atente contra
una fiesta que la Unesco reconoció como patrimonio oral e inmaterial de la
humanidad", concluye Caballero.
Un nuevo modelo
A diferencia del Carnaval de Río de Janeiro, el de Barranquilla se
constituyó como una empresa hace muy poco tiempo. Desde sus inicios, las
directrices del carnaval estuvieron en manos de la Alcaldía de Barranquilla,
pero con el tiempo esta situación se fue tornando crítica pues empezó a
involucrarse la política.
Por eso, en 1993, se le dieron atribuciones al
alcalde para entregar el espacio público a la empresa Carnaval S.A que
contaba con una participación del 51% del distrito (luego pasó a ser sólo
22%).
La participación restante quedó distribuida entre la Fundación Mario
Santo Domingo, la Cámara de Comercio, el zoológico de Barranquilla entre
otras. Luego, en 1997, se creó la Fundación Carnaval de Barranquilla con el
fin de que no hubiera repartición de ganancias, sino que todos los recursos
recogidos pudieran ser reinvertidos.
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