El muelle: tributo a la identidad porteña

Foto El Heraldo Por HELKIN A. NUÑEZ CABARCAS(*)
Cortesia
El Heraldo

De mi última visión del muelle la mañana en que fui a verle me queda una tenaz melancolía. Porque fue como encontrar el envejecido retrato de una persona amada. 
El tiempo el abandono, el polvo del olvido suelen borrar casi del todo rasgos y expresiones. Lo que perdura es, si acaso, una imagen ausente y, sin embargo,hermos
a.

MEIRA DEL MAR.
Desde el mismo momento en que se dio la orden del cierre a nuestro Puerto Marítimo por eficiente, quedó en la mente del porteño darle la merecida importancia al legendario y vetusto monumento que identifica con mucho honor nuestra identidad. La misión sigue siendo el hacer algo, convirtiéndose en una constante perseverancia de sucesivas generaciones que han marcado día a día las diferentes estrategias para manifestar a más de uno que dicho monumento además de ser reliquia histórica es una obra fruto del descuido y la soledad por parte de quienes deben velar por ella.

Corre la década de los 40’s y con ella también las últimas escaramuzas para incomunicarnos con la capital a cualquier precio, misma época que marca el levantamiento de los rieles del ferrocarril. Ya para esos años se registraba en el Diario La Prensa diferentes reacciones con el levantamiento del servicio ferroviario, justificando con criterio muy personalista la decisión del gobierno como un error(1). Estas líneas fueron las protagonistas de que se estableciera la labor portuaria en la ensenada denominada de Cupino. Llegaron aquel 31 de diciembre de 1.888 y desde ese mismo momento sirvieron por muchos años para delinear improvisadas calles polvorientas en esta población.

Pero con las grandes transformaciones sociales y económicas impuestas a esta localidad y con el traslado del quehacer marítimo a Barranquilla acompañado de las treinta y dos cuadrillas que a destajo cargaron y descargaron la gloria y orgullo de la economía nacional por esta parte del país, surgen las primeras estrategias político-administrativa para rehabilitar la población, playas, hoteles y el propio muelle. Y se tuvo como escenario el Congreso de la República, motivado por el debate sobre la rehabilitación del muelle de Puerto Colombia, en donde no bastó la intervención de su ponente Don Carlos Martín Leyes para defenderla, en donde se dictaban medidas necesarias para el funcionamiento de los servicios de recibo y despacho de los buques marítimos en los muelles de Puerto Colombia y la construcción de una carretera pavimentada.

Esto motivó aún más quitar por completo el resto de línea férrea que se encontraba en la población. Y fue así, después de tres años es presentada ante la Cámara de Representantes el proyecto sobre la rehabilitación del muelle y acondicionamiento de una carretera, idea presentada con anterioridad por Don Carlos Martín Leyes, en esta ocasión se logró incluir en la vigencia fiscal la suma de cien mil pesos para dichas obras.(2) Nunca se supo si fueron invertidos tales dineros.

Nuevamente la población sigue su misión y en el año de 1.956 crearon una Junta que se le denominó Junta Pro-Defensa del Puerto. Esta organización en colaboración con la Gobernación del Departamento del Atlántico, contrató los servicios del ingeniero hidráulico norteamericano Joseph Caldwell, para que evaluara los bancos de arena depositados en la bahía de esta población como consecuencia de las obras de Bocas de Ceniza. La propuesta era rehabilitar las playas de esta población y sus hoteles, cuya infraestructura aún se mantenía.

Más tarde fueron los delegados de la Sociedad de Mejoras Públicas de Puerto Colombia, reunidos en Medellín ante el XVII Congreso Nacional de Sociedades de Mejoras Públicas, donde presentaron la solicitud al gobierno de habilitar y conservar para fines turísticos el muelle de Puerto Colombia para aumentar su desarrollo turístico. La propuesta fue presentada por las delegaciones de Puerto Colombia, Barranquilla, Medellín, Cali, Quibdó, Calarcá, Montería, Cartago y Pereira(3).

Siguen los años y no bastan las Fiestas del Mar, ni los primeros espectáculos a la orilla de la playa para rehabilitar la zona; tampoco ayudó la visita turística en masa que protagonizaron muchos bañistas en los balnearios de Pradomar y el propio Puerto Colombia. El abandono es generalizado no existe proyecto viable para esta zona turística. A finales de los 80’s se intenta organizar varios espectáculos marinos pero los recursos son insuficientes para mantenerse.

La última inversión hecha al muelle en los 90’s fue para sus barandas, las cuales no duraron mucho. A los pocos meses de entregadas su resquebrajamiento fue de un 60% Hoy, después de varios años, estas estructuras hablan por sí solas. Eran los años de preparación a su primer centenario. También fue iluminado gracias a los recursos del Area Metropolitana y los ingresos por conceptos de la sobretasa del impuesto predial que fue en la vigencia de 1.990 de $3.000.000. Además se instalaron postes con faroles cada trescientos metros, gestión acertada por el gobernante de turno para rehabilitarlo turísticamente en las noches, pero su mantenimiento era oneroso y el recaudo del peaje turístico diseñado en forma improvisada no dio los resultados esperados. Finalmente escasos faroles iluminan tímidamente parte de su longitud.

Nunca se supo que fue del proyecto de ley por medio del cual la nación se asociaba al primer centenario del muelle. “Se trata de inversiones por valor de $500.000.000 (Quinientos millones de pesos) avalados por el señor Ministro de Hacienda, donde sobresale el acueducto de Puerto Colombia y la adecuación del muelle para fines turísticos. La nación le debe a una población olvidada, que durante tanto tiempo le sirviera de ventana al mundo, el acondicionar el viejo malecón para solaz de propios y extraños”.(4).

Con lo anterior se justifica que los compromisos ante el muelle son también históricos. Es un anhelo paralelo a su historia. La venta del famoso y polémico lote 20 no es un sueño ni un premio, es una realidad; y es ahí donde el protagonismo juega un papel decisivo para tales fines. Se lucha para que lo posible invertido se fiscalice bien.

Así su misma historia demuestra que son varios los intentos por rescatar esta parte de nosotros. Hoy la expectativa ronda en el medio. Las inversiones futuras darán motivos suficientes para consolidar el anhelado sueño, pero el muelle es monumento nacional. Es la estampa a cuarenta años de trabajo portuario en donde nuestra generación patriarcal dejó anclado su paso en la tierra. Es la muestra representativa en perseverancia de ingenieros extranjeros Cisneros, Dougherty, nativos como Clímaco Villa y la praxis de Juan Antonio Colina, quienes también aportaron sus conocimientos para que la obra se perpetuara en el Mar Caribe.

En la actualidad el rotundo sí a las obras del muelle será el premio a la constancia de un pueblo que se resiste a no aceptar que su reliquia histórica y génesis de identidad desaparezca. Su posible restauración requiere de una seriedad y transparencia única. Y lo más importante sería, la elaboración de futuristas proyectos turísticos justificables para un autosostenimiento viable. Además que su restauración sea confiada a ingenieros acreditados para este tipo de trabajo. Este es un gran momento histórico para nuestra población y el viejo muelle. Al rendirle un merecido homenaje de perpetuidad y que junto a la Estación del Ferrocarril y el Castillo de Salgar, sigan resistiendo a pesar de ser monumentos históricos, el de acompañarse para no ser olvidados.


BIBLIOGRAFIA


(1) Archivo Histórico del Atlántico. Diario La Prensa. Grandes errores de nuestras obras públicas, Jueves 3 de Mayo de 1.945. Edición # 5.337, Pág. 3a.

(2) Archivo Histórico de Puerto Colombia, relación cartas entre Concejo Municipal y Congreso. 1.948.

(3) Sesiones ordinarias XVII Congreso Nacional de Sociedades de Mejoras Públicas. Medellín, Agosto de 1969.

(4) Ponencia primer debate en el Senado de la República. Centenario del Muelle de Puerto Colombia. Rodolfo Segovia Salas. 1993.

(*) Funcionario Archivo Histórico del Atlántico. Licenciado Ciencias Sociales Universidad del Atlántico.