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1. Reinas Mofas
Así como en la antigüedad los babilonios y los
romanos nombraban un rey de burlas, los barranquilleros también lo hacen.
Primero un hombre con el título democrático de Presidente, y luego con uno
teocrático o aristocrático de Rey. Cuando comenzó a ser una mujer sucedió
lo mismo, ya que se han tenido varias denominaciones, tales como:
capitanas, sultanas, presidentas y reinas desde 1918, con interrupciones.
En la antigüedad las fiestas se hacían en honor al
dios Saturno. Los romanos nombraban a un esclavo para que mandara, al cual
obedecían; al cabo de la temporada era asesinado. De ahí la afirmación de
que en un comienzo estas fiestas tuvieron como ingredientes los
sacrificios humanos. Al respecto, Lucien Henry comenta: Ahora bien: Jesús
¿No es INRI, es decir, Jesús (el) Nazareno, Rey (de los) Judíos? Wendland
(en Hermes, 1898) ha comparado a Jesús con un rey de las Saturnales, de
estas fiestas donde momentáneamente toda diferencia era abolida entre
esclavos y hombres libres y en las que se elegía un rey burlesco55 .
Recordamos las fiestas babilónicas en honor a la
diosa Anaitis, las Sacaeas o Sacéas, donde se ubica el origen de las
fiestas que concluyen con el surgimiento del Carnaval. En muchos pueblos
las fiestas arrancaban con el nombramiento o escogencia de un “Rey
Temporero”.
De ahí, entonces, que digamos que con el
nombramiento de la Reina del Carnaval y las Reinas Populares, los
barranquilleros estén nombrando sus reinas de burlas o mofas. Su “reinado”,
como su “Palacio Real”, forma parte de todo ese juego organizado, ya no es
para morir físicamente al final de la fiesta, sino para morir al final de
su mandato. Su muerte física, a diferencia de lo practicado por los
babilonios o romanos, ha sido reemplazada por un muñeco, elemento
introducido por los españoles, y traído a nuestro continente, el cual se
entierra al final de la fiesta. Por eso afirmamos que el 20 de enero –o
cualquier fecha actualmente– nace con la Reina Joselito Carnaval, que es
ella misma.
Para todos los carnavales y para cada barrio
existe una diferente. Existen algunos reyes de burlas como don José
Enrique De La Rosa, don Enrique De Castro y “El General Carajo”; los
primeros fueron reyes y el último presidente. De ahí en adelante las
mujeres son las que aparecen cumpliendo el papel de reinas de burlas o
mofas. Pero, ¿quién elige a estas reinas? En el siglo XX, en la década de
los veinte, el Club Barranquilla nombraba capitanas, reinas o sultanas
para que dirigieran la fiesta, a excepción de Toña I, que fue por elección
como se comentó anteriormente. Desde 1937 hasta hoy la escogencia de la
Soberana de las Carnestolendas está en manos del organismo que tenga la
responsabilidad de organizar la fiesta.
Un caso digno de señalarse fue el ocurrido en el año de 1979, cuando los
Concejales hicieron que la Junta del Carnaval se rompiera al querer
sobreponer principios puramente politiqueros. Esto suscitó protestas
populares y llevó a que se conformara un Comité Cívico, presidido por el
arquitecto Ricardo González Ripoll –q.e.p.d.–, nombrado por el Alcalde.
Desde ese momento lo llamaron “el hombre que salvó el Carnaval”.
La empresa “CARNAVAL DE BARRANQUILLA S.A.”, además
de las funciones señaladas anteriormente, tiene en sus manos la escogencia
de la Reina del Carnaval, que desde 1915 –cuando se nombró a Elida de
Castro como presidenta de la fiesta, dama muy distinguida de la sociedad
barranquillera– hasta nuestros días todas las reinas han sido
seleccionadas de las capas altas de la sociedad barranquillera, mostrando
con esa actitud que la clase dominante ni siquiera permite que sea una
mujer diferente a su clase la que lleve la dirección de las festividades y
solamente permite que el edecán (hombre que acompaña a la reina durante
todas las presentaciones y actividades de las festividades) sea un hombre
de los sectores populares.
Su nombre es Alcides López Muñoz, pero todo el
mundo lo conoce con el apodo de McArthur. Lleva más de 30 años de cumplir
ese papel. En cierta ocasión una Junta de Carnaval quiso cambiarlo y el
pueblo protestó airadamente por tal hecho y tuvieron que mantenerlo. Nos
atrevemos a afirmar que con esta actitud se quisiera presentar una
“conciliación de clases” en el interior de la fiesta.
¿Cómo se elegía una reina de Carnaval?, era una
pregunta que se hacía la gente; hoy se sabe que para escogerla existen
varios criterios y que el principal es su alegría y su “don” de gente, que
sea capaz de mantener unas buenas relaciones con todos y, sobre todo, se
dé a querer del pueblo. Lo cierto es que se conjugan intereses económicos,
sociales y políticos, y la opinión popular no se tiene en cuenta.
Lo único claro es que pertenece a “la Jay”, como dicen los “curramberos”,
pues todas han sido de la clase burguesa o de algunas rancias familias
aristocráticas barranquilleras, cuyos orígenes se remontan a la Provincia
de Santa Marta.
Miremos una lista de las figuras centrales de los carnavales desde que se
escoge mujer, para comprobar la afirmación anterior:
1915, Elida de Castro (presidenta);
1918, Alicia Lafaurie Roncallo (reina);
1919, Dilia Baena Lavalle (sultana);
1920, Paulina Sojo (presidenta);
1921, el Club Barranquilla proclama una “gobernanta” para cada semana de
la temporada, siendo elegidas: Rafaela Pérez López, Aminta Weeber, Rebeca
Fuenmayor, Conchita Vengoechea de Faillace y Rebeca Donado;
1922, Rosita Lafaurie (presidenta);
1923, Toña Vengoechea;
1924, Isabel Elvira Sojo;
1925, Sarita Roncallo;
1926, Olga Heilbron Tavera;
1927, Rebeca Donado Ucrós;
1928, Josefina Vives Ballestas, todas estas últimas, reinas.
En 1929 la Junta Directiva del Club Barranquilla resuelve no elegir Reina
del Carnaval ese año, sino establecer un consejo de Regencia, integrado
por las distinguidas damas: Alicia Carbonell, Julieta Vives Urueta,
Carolina Sojo Palacio, Francia Pérez López y Ana Elvira Echeverría.
Entre 1930 y hasta 1934, la Junta Directiva del mismo Club modifica la
costumbre y toma la decisión de no nombrar reinas para el Carnaval, y en
su reemplazo elige capitanas de comparsas.
En 1935 es nombrada Alicia Falquez Grau;
1936, Josefina Osío, ambas reinas.
Entre 1937 y 1941, la Sociedad de Mejoras Públicas y las Juntas de
Carnaval toman las riendas del festín y nombran capitanas de los barrios,
para realizar un verdadero carnaval popular; premian las comparsas y
destacan las tradiciones populares por medio de danzas.
En 1942 y hasta el presente año (excepto el año de 1948 por Estado de
Sitio) se han designado reinas en el siguiente orden:
1942, Lolita Obregón Benjumea;
1943, Carmiña Navarro Donado;
1944, Niní Munarriz. El Tiempo destaca el acontecimiento en primera página,
por esta época era cuando se elegían las reinas por escrutinio y las
candidatas eran propuestas por los clubes sociales. La nota dice: NINI
MUNARRIZ ELEGIDA REINA DEL CARNAVAL DE BARRANQUILLA.- Barranquilla, 23 (enero)
-A las cinco de la tarde finalizaron los escrutinios para la elección de
reina del Carnaval de esta ciudad, en los salones de la Sociedad de
Mejoras Públicas, que estaban absolutamente colmados... Fue elegida reina
la señorita Nini Munarriz Steffens, candidata del Club Riomar. Las
candidatas restantes, señoritas Margarita Santodomingo y Leonor Putman,
candidatas del Club Barranquilla y del Country Club, serán princesas56.
Sigamos con la relación:
1945, Judith Blanco de Andreis;
1946, Tica Manotas;
1947, Ana María Emiliani;
1949, Leonor González;
1950, Edith Munarriz;
1951, Cecilia Gómez Nigrini;
1952, Gladys Rosanía;
1953, Carolina Manotas;
1954, Adelida Segovia;
1955, Lucía Ruiz Armenta;
1956, Carmiña Moreno;
1957, Margarita Angulo Carbonell;
1958, Vilma Escolar Nieto;
1959, Marvel Luz Moreno Abello;
1960, Lilia Arévalo Duncan;
1961, Edith Ulloque;
1962, Julieta Devis Pereira;
1963, Martha Ligia Restrepo;
1964, Carmen Vergara Vengoechea;
1965, Lucy Abuchaibe;
1966, Josefina Martínez Armenta;
1967, Martha Luz Vázquez;
1968, Rocío García Bossa;
1969, Luz Elena Restrepo;
1970, Ligia Salcedo Salom;
1971, Clarissa Lafaurie González;
1972, Margarita Rosa Donado;
1973, Fedora Escolar;
1974, Vicky de Andreis;
1975, Regina Margarita Sojo;
1976, Katia González Rosales;
1977, Nohora Adién Lafaurie;
1978, Patricia Abello;
1979, Esther Cecilia Cadena;
1980, Ana María Donado;
1981, Silvana González Martelo;
1982, Mireya Caballero Pérez;
1983, Luz María Rincón;
1984, Flavia Santoro;
1985, Luz Marina Atehortúa;
1986, Silvia Tcherassi;
1987 Maribel Fernández de Castro;
1988 Margarita Gerlein Villa;
1989, Laura Char;
1990, María José Vengoechea Devis;
1991, Liliana Gerlein Villa. Como se puede apreciar, hay muchos apellidos
repetidos, que son de las familias pudientes barranquilleras. De ese modo
es frecuente el parentesco entre las reinas, tal como sucede con la de
1990, que es la hija de la reina de 1962 y debe ser pariente de la de
1964, como también de Toña Vengoechea, reina de 1923; la de 1988 es
hermana de la de 1991
En 1992 fue Brigitte Abuchaibe; y en1993, Claudia
Dangond Lacouture, máxima expresión de la presencia de las familias
magdalenenses en la fiesta carnavalera.
En 1994 la reina fue Danitza Abuchaibe; y en 1995, Katia Nule Marino. En
1996 reinó María Cecilia Donado, conocida como “La Chechi”, prima de Ana
María de 1980 y Margarita Rosa de 1972.
El reinado de “La Chechi” es recordado por muchos barranquilleros como uno
de los mejores del siglo XX y ella es símbolo del Carnaval currambero.
Para la fiesta celebrada en 1997 fue otra de la familia Gerlein, María
Alicia Gerlein Arana, llamada cariñosamente “Marialy”; en 1998 las
carnestolendas las presidió Liliana Hoyos Sánchez, mujer llena de fiesta.
Continuando con la tradición de seleccionar la mandamás de la fiesta, para
finalizar el siglo XX (1999) fue ungida con ese privilegio Julia Carolina
De la Rosa Valiente, “Juli”, como la llaman cariñosamente, hija de Manuel
y de seguro pariente del primer Rey de un Carnaval barranquillero que,
como queda dicho, se llamaba Enrique De la Rosa, de origen samario.
Arrancando el siglo XXI, la reina de las carnestolendas fue Claudia
Patricia Guzmán Certain, conocida familiarmente como “Cuca”, quien
derrochó mucha alegría durante su reinado; Ilsa Margarita Cuello Gieseken
fue la soberana de 2001 y para presidir las festividades de 2002 la reina
fue María Gabriela Diago García, quien prometió realizar unos inolvidables
carnavales y lo logró. Para el 2003 la reina fue una vez más de la
dinastía de los Gerlein, Margarita Lora Gerlein; y para el 2004 la fiesta
fue presidida por Olga Lucía Rodríguez Pérez, quien lució
en la noche
de coronación un vestido en homenaje al río Magdalena.
Los sectores populares también tienen sus Juntas Directivas y sus reinas
mofas. Tanto las unas como las otras son una repetición de lo que existe
para el Carnaval en su conjunto.
En el año de 1980 se unificó por primera vez el escenario de la coronación
de las reinas, como un intento por democratizar dicho acto, ya que de esa
fecha hacia atrás la reina popular y la otra reina eran coronadas en
escenarios totalmente diferentes. Más tarde –hasta hoy– se volvió a la
modalidad de utilizar diferentes escenarios para la coronación de estas
soberanas. Ahora bien, entre las reinas populares se escoge una que se
denomina “Reina de Reinas”.
En otros años se ha llamado “Virreina”. Esto nos muestra que existen dos
reinas: una de los sectores altos de la sociedad, que es la Reina del
carnaval, y la otra de los sectores populares, sin trascendencia para la
fiesta en general, aunque desfile en la “Batalla de Flores” y aparezca en
algunos actos oficiales del Carnaval.
Eso es lo que tiene que ver con la reina popular de barrios. Generalmente
las Juntas de los barrios populares coinciden con las Juntas de Acción
Comunal de los mismos, otras veces están integradas por grupos de amigos y
otras por los simpatizantes de algún jefe politiquero o manzanillo, quien
a veces se compromete con la elección de Reina de Reinas, a cambio de unos
votos.
Estas Juntas eligen la representante popular, que a veces es la hija o
pariente del presidente de la Junta Comunal o del amigo más cercano de
quienes conforman la Junta. Los sectores populares no se escapan de la
utilización de este tipo de maniobras. Ambas clases encuentran ventajosa
la elección de la reina, en beneficio de la familia “real”, ya que esta
posición les permite recaudar fondos y recibir frutos personales, como en
la antigüedad, don-de el “Rey de Burlas” adquiría poder y se le ofrecían
todos los placeres que deseaba: mujeres, vino, comida, frutas y sus
sirvientes, eran los amos, o sea los papeles de la vida real se invertían.
Si los sectores populares repiten lo que el sector dominante hace, debemos
entender que, al fin y al cabo, las ideas de este último son las que se
imponen, lo cual es el lógico resultado de una sociedad capitalista donde
prima el individualismo, la competencia, la usura, el chantaje, el egoísmo
y todas las ideas de una sociedad descompuesta moral o ideológicamente.
En fin, cada uno lucha por sus intereses, los unos por la venta
publicitaria legalmente formalizada, los otros por conseguir medios para
continuar sobreviviendo e impedir su asfixiante situación económica, y
otros tantos como los politiqueros de turno para reclutar adeptos o
simplemente cazar votos, para su elección o reelección que le permite
mandar y manosear, vivir de la politiquería beneficiándose de las
prebendas burocráticas y de los “chanchullos” propios de nuestra
democracia burguesa.
Y todas estas situaciones que son conocidas a diario por la gente,
aparecen claramente en los disfraces y las pancartas, que hacen alusión a
este tipo de problemas sociales y políticos de la sociedad barranquillera
en particular, pero que es extensivo a Colombia en general.
Podemos ver entonces cómo eso que llamamos “la organización de las
fiestas”, que se expresa a través de las Juntas, no es otra cosa que la
organización de negocios para unos, lo que a su vez es aprovechado por
otros para conseguir su sustento anual. Un hecho de gran comercialización
de las fiestas y la mujer, es la utilización de ésta como medio
publicitario.
El periodista José Cervantes Angulo comenta en el diario El Heraldo, que
cada año, las factorías de licores, cervezas y gaseosas se disputan los
favores de la reina del carnaval en cuanto se refiere al monto de los
aportes. Esto garantiza privilegios porque es un vehículo de publicidad, o
sea, de acuerdo con la cuota para financiar el Carnaval se reciben
beneficios publicitarios.
Existen muchas fotografías donde aparecen la reina y un empresario,
aquella recibiendo un cheque y el otro entregándolo. Cada reina popular
tiene que representar a su barrio acompañada de su gran carroza y comparsa
en el desfile de la “Batalla de Flores”, para lo cual requiere una
inversión.
¿Y cómo se consigue esta financiación?; pues a través de las verbenas,
realizadas todos los fines de semana –antes desde el 20 de enero, hoy
desde la fecha que determine la empresa Carnaval S.A., hasta la
celebración de los carnavales– y, generalmente, patrocinadas por empresas
comerciales que aprovechan la oportunidad para publicitar sus productos –
aparece la trilogía: aguardiente, cerveza y gaseosa–; de igual forma, el
gobierno departamental o municipal se “lucía” con algunos pírricos
auxilios a las Juntas de Acción Comunal, que tenían como destino el
patrocinio de las festividades; otro que “colabora” es el politiquero, con
aportes del fisco municipal o departamental y a veces del orden nacional.
La empresa CARNAVAL S.A., entrega algunos recursos para tal efecto y la
ganadora recibe grandes premios. Es explicable la presencia de la
publicidad de muchos productos en el Carnaval, que con el pretexto de
patrocinar a cualquier candidata es utilizanda para promocionarlos.
En este, como en
otros actos, se muestra la penetración del gran capital y su papel
determinante en las festividades populares; de esta forma la empresa
privada y la empresa oficial se vinculan a esta tradicional fiesta con su
objetivo claro: PROMOCIONAR PARA VENDER.
En esto consiste la “democracia” del Carnaval, ya que ricos, acomodados y
pobres participan del evento; unos como emisores de un mensaje y otros
como canales y receptores del mismo; unos sirviendo a unos intereses
totalmente ajenos a su vida, fruto de su alienación, y otros patrocinando
su diversión y colocando la creación popular a su servicio.
El sentido del “Rey de Mofas” de los antiguos ha cambiado sustancialmente,
pero es apenas normal: el sacrificio humano no se da, como tampoco la
inversión de que el esclavo se convierta en amo durante unos días y los
amos en esclavos durante los mismos.
Pero sí quedan algunos elementos de la “Reina Mofa”, ya que por unos días
no la depone un movimiento político o algo parecido sino que el tiempo de
su “reinado” se acaba con la fiesta. En su reemplazo no queda nadie. Otra
característica es el posible poder que adquiere dentro de la comunidad de
vecinos la reina popular; y en la sociedad barranquillera, la reina del
Carnaval.
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