Toña Vengoechea y Niní Munárriz
 reinas por plebiscito popular


Durante la fiesta en el Club “Riomar”. La reina del Carnaval de 1944 Niní Munárriz Steffens acompañada por un grupo de damas y caballeros, príncipes y princesas de la corte.

Niní I haciendo su entrada a la ceremonia de coronación efectuada en el Teatro Apolo.

Por ALFREDO DE LA ESPRIELLA

Tanto el Carnaval de Toña Vengoechea en 1923 como el de Niní Munárriz en 1944 fueron semejantes pese a sus diferentes épocas y costumbres por el simpático plebiscito que justificó la corona de estas dos muchachas que, cada una en su tiempo y circunstancias dejaron imborrables recuerdos.

Dese 1918, las soberanas de nuestras carnestolendas eran escogidas por los dignatarios del “Club Barranquilla”. Certamen elegante que también justificaba el homenaje de la corona que todas ellas lucieron con el beneplácito, no sólo de la alta sociedad, sino del pueblo que veía en ellas auténticas representantes de la alegría de la fiesta que todos los años superaba sus propias proyecciones.

La Batalla de Flores, por ejemplo, continuó siempre desarrollándose por el “Camellón” con el mismo alarde de aquel 21 de febrero cuando el padre de Toña I sugirió este evento para celebrar la Paz después de la nefanda Guerra llamada de los “Mil Días”.

Pero, ya en 1923, otro centro social de muchas campanillas, el “A.B.C.” fundado por don Víctor Dugand Gnecco lanzó la novedad de elegir Reina de las carnestolendas por medio de un plebiscito popular - digamos como ahora, un “Referéndum” carnavalero. Aunque parecía difícil llevar a cabo esta forma de escoger soberana, no obstante, los otros clubes como el “Alemán”, “El Carib Club”, el Centro Italiano y el “Barranquilla”, sus respectivas directivas, se pusieron de acuerdo para analizar y comprometer la estrategia de esta organización “electoral” sin antecedentes en la historia de nuestros fastos.

Discutido y resuelto el programa, a partir del 20 de enero en la misma lectura del Bando, el señor Alcalde Leonardo Falquez dio el visto bueno al certamen y arrancó la campaña que, durante quince días continuos mantuvo a la ciudad en permanente movimiento, pero casi paralizada también, pues, la competencia y el deseo de triunfar animó a las respectivas huestes y cofradías que vivaban a unas y a otras con altura y elegancia como correspondía a la tradición hidalga del Carnaval.

En el despacho del propio burgomaestre se abrieron las urnas y después del conteo respectivo, a las 4 de la tarde la ciudad enterada del triunfo de Toña I, la candidata del “A.B.C.” aplaudió la elección y empezó a oirse desde entonces, un solo grito de entusiasmo y adhesión...¡Viva Toña I!...

Cambiaron inmediatamente varias costumbres. La Reina dispuso que su Coronación fuera en el propio “Camellón”; donde el Alcalde colocó sobre sus sienes la diadema, y luego, con sus Princesas y demás Corte Imperial fue a inaugurar el “Salón Burrero” de la Calle de “Las Vacas”. Primera reina que compartía con su pueblo esta alegría que honraba tanto la satisfacción de su triunfo.

En su bellísima carroza —“La canasta de rosas”— el sábado, después del homenaje popular en el “Paseo de Colón”, fue a visitar varios puntos de la ciudad, como la Plaza “7 de Abril”, la de la “Aduana” y la del “Boliche”, donde se concentraban Danzas, Cumbiambas y Fandangos. Inclusive, cerró su Carnaval “llorando” a Joselito en “la Conquista” presidiendo por vez primera este “funeral” parodia del último día de la temporada.

Toña dejó recuerdos imborrables, pues, por mucho tiempo, los viejos barranquilleros recordaban el Carnaval de Toña I como uno de los más alegres y populares. Salían entonces 24 danzas; no volvió a elegirse soberana hasta 1944 cuando el Club “Riomar”, nuevo centro social de Barranquilla propuso otro certamen plebiscitario como aquel de 1923, y lanzó a Niní Munárriz Steffens, candidata. El Club “Barranquilla” propuso a Leonor Putnam Cerrutti y el “Country” a Margarita Santodomingo.

Despertó este nuevo certamen tanto entusiasmo como el de veinte años atrás. Ya, en 1942 cuando se recuperó la tradición de elegir reinas, pues desde 1937 los centros sociales únicamente nombraban Capitanas para sus respectivas sedes con bellísimas comparsas y alegres bailes, la Sociedad de Mejoras Públicas, delegataria de la Alcaldía, para organizar a través de su Comité de Turismo y Carnaval había escogido aquel año a Lolita Obregón —primera Batalla que abrió el desfile por la Avenida “Olaya Herrera”, con punto de partida y exhibición de carrozas en el Estadio Municipal—. En 1943, fue exaltada a la soberanía de nuestras fiestas otra gentil y primorosa Reina Carmiña Navarro. Primera Batalla, por cierto, que abrió el desfile con una Cabalgata de briosos corceles y elegantes jinetes.

Desde el 20 de enero empezó el plebiscito. La ciudad acogió la iniciativa y cada centro social trazó la estrategia que durante los tres escrutinios realizados también en la Alcaldía, que entonces desempeñaba el muy famoso y popular Rafael Roncallo, quien, dicho sea de paso, como su famosa canción le puso “Corazón” al Carnaval, se llevaron a efecto con los resultados, siempre, quiñando. En el primero iba arriba la candidata del Club “Barranquilla”, la señorita Putnam; en el segundo parecía inminente el triunfo de Margarita Santodomingo, pues, llevaba amplia ventaja a las dos.

Pero, en el tercero, el debate tomó fuerza y los socios del Club “Riomar” aceleraron su campaña hasta el punto que el sábado del escrutinio final Niní Munárriz fue declarada oficialmente Reina del Carnaval de Barranquilla. Paralizada la ciudad. Qué desbordante entusiasmo. Qué desfile y que concentración en la calle “7 de Agosto” entre la Avenida “Olaya Herrera” y el callejón del “Líbano” donde vivían sus padres Lalo Munárriz e Isabel Steffens de Munárriz. Una familia numerosa, por cierto, de mayoría mujeres, todas lindísimas, como Niní, y sobre todo, radiantes de simpatía y con el espíritu barranquillero que transmitía esa espontaneidad tan propia de su linaje y costumbres.

Ese Carnaval tuvo por eso, resonancia extraordinaria. La coronación fue en el Teatro “Apolo” donde se venían realizando desde 1942 estas ceremonias. Doña Berta Durand de Dávila, señora del Dr. Alfredo Avila, Presidente del Comité de Turismo y Carnaval realizó un espectáculo suntuoso —“Una Noche en el Palacio de Versalles”— La decoración estuvo a cargo del artista cartagenero Víctor Araújo, de fama y experiencia en estos montajes teatrales y confección de carrozas. Don Víctor Dugand tuvo a su cargo el discurso de orden, y coronación de la Reina.

Y algo trivial, pero que se convirtió en detalle de moda, fue el “Copete” de Niní. Arreglo muy original de su linda cabellera rubia que todas las niñas de entonces imitaron el peinado en copete que ella lucía con tanta gracia y elegancia.

Así como Toña I, fue la primera soberana que visitó un “Salón Burrero” en 1923, a Niní I, le tocó bailar la primera pieza en el “Salón Carioca” después de su coronación, no sólo con el Alcalde Roncallo quien la invitó después de la ceremonia en el “Apolo” entrar de pasada por la calle “Murillo”, con “Líbano”, deteniendo el desfile, sino con un personaje fabuloso, carnavalero de tiempo completo, que, si hubiera existido en aquel tiempo la costumbre del “Rey Momo”, como ahora hubiera sido un soberano incomparable, porque reunía todas las características propias e histriónicas para desempeñar el papel.
Sobre este episodio simpático, tenemos una anécdota que hemos publicado cual guarda más detalles de aquellas fiestas de Niní bailando “La múcura” con el “Negro Adán”, después de un “barato” que le concedió el Alcalde Roncallo danzando al son de la orquesta de Julio Lastra que alternaba con la del Maestro Ojito, dos “palos” de agrupaciones populares que animaban en el “Carioca”. Donde se acababan las suelas de los zapatos.

Después, llegaron las dos autoridades muertos de la “erre” el Alcalde y la Reina al “Club Barranquilla” donde los socios circunspectos estaban esperando a su graciosa Majestad para dar comienzo al baile de gala y disfraces en su honor.

El Carnaval de Niní dejó gratísimos recuerdos, en la Barranquilla aquella de los años cuarenta, cuando la ciudad se perfilaba cada día más hacia la meta que la prosperidad le señalaba y el espíritu cívico de los barranquilleros trazaban con el coraje y la “mandarria” digámoslo así que identificaba esa generación tenaz de hace sesenta años atrás.

¡Viva Niní I!, es otro grito de combate y saludo para la reina que tan gratos recuerdos dejó su soberanía y quien ha venido de su residencia en Venezuela a compartir la efemérides de los cien años de la “Batalla de Flores” y la nostalgia de su inolvidable Carnaval.

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